El arte contemporáneo en Ecuador está experimentando una metamorfosis ineludible, y en el epicentro de este cambio se encuentra Sebastián Ramos Vera.
Conocido en el ecosistema digital y artístico como @garov.ecu, este joven creador —reciente galardonado en el Salón de Jóvenes Valores como el pintor más votado por el público— nos recibió para compartir una conversación que, más allá de formalismos, resultó ser un encuentro sumamente ameno, jovial y cargado de una vibrante energía creativa.
Desde el primer momento, Sebastián desarma cualquier pretensión con una sonrisa y una claridad conceptual que asombra para su juventud. Sentados a conversar sobre su presente y su futuro, nos adentramos en el universo de un artista que no solo busca pintar, sino sacudir conciencias.
El origen de una vocación sin frenos
La historia de Sebastián con el arte no es un idilio reciente; es una constante vital. «Pinto desde que era un niño», nos confiesa con total naturalidad. En un mundo donde las carreras artísticas suelen mirarse con recelo familiar, él cuenta con una fortuna invaluable: el apoyo incondicional de sus padres, quienes supieron ver y respaldar el fuego creador que manifestaba desde la infancia.
Ese respaldo ha forjado en él una mentalidad de hierro frente a los mitos que rodean a la profesión. Al preguntarle si es posible subsistir a través de la creación, su respuesta es categórica: «Sí se puede vivir del arte, pero cuando uno se esfuerza al máximo». Para Sebastián, la disciplina y la entrega absoluta son el único puente real entre el talento y la sostenibilidad.
El ritual cotidiano: Acrílico, intimidad y la libreta de emergencia
Al indagar en su proceso más íntimo, Sebastián nos revela que su santuario creativo no es un estudio ostentoso, sino la intimidad de su propia casa. Es allí, rodeado de sus herramientas y en la calidez de su hogar, donde da vida a sus lienzos utilizando principalmente el acrílico, una técnica que se adapta a su ritmo y a la fuerza de su trazo.
¿Y de dónde nace la magia? «La inspiración llega de la nada», dice entre risas. Precisamente por el carácter impredecible de las musas, Sebastián confiesa un hábito del que nunca se desprende: siempre carga consigo una libreta de bocetos. Cualquier esquina de la ciudad, un pensamiento fugaz o una emoción repentina quedan atrapados de inmediato en el papel, listos para ser trasladados más tarde al lienzo definitivo.
«La inspiración llega de la nada, por eso nunca salgo sin mi libreta de bocetos a la mano.»
Estética disruptiva ante una realidad convulsa
Uno de los puntos más álgidos y maduros de nuestra conversación llegó al tocar su visión del entorno. Lejos de evadir la realidad, la obra de @garov.ecu está profundamente atravesada por una visión política y social crítica. Sebastián no es ajeno al dolor de su entorno; su arte se ha convertido en un reflejo y una denuncia directa a la crisis de inseguridad que azota a Ecuador y a otros países de América Latina. Sus lienzos canalizan la incomodidad, el miedo y la resiliencia de una sociedad que busca respuestas.
Es precisamente esa carga conceptual la que alimenta su mayor ambición: «Mi sueño es marcar una nueva pauta artística en el Ecuador», afirma con convicción. Consciente de que la historia del arte en su país se ha construido a base de rupturas y tendencias generacionales, él aspira a convertirse en el próximo eslabón: un creador disruptivo e innovador que no teme incomodar para hacer reflexionar.
Una mirada a diez años plazo
Para cerrar un encuentro que nos dejó con la certeza de haber conversado con un referente del futuro inmediato, le preguntamos cómo se proyecta a largo plazo.
La respuesta de Sebastián no titubea, demostrando una lealtad inquebrantable a su esencia. En una década, se ve haciendo exactamente lo mismo: pintando, expresando sus emociones más profundas y plasmando sus incomodidades a través del lienzo. Cambiarán los formatos, evolucionará la técnica, pero el espíritu indomable de Sebastián Ramos Vera promete seguir agitando el panorama artístico por mucho tiempo.

