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Por: Daniela Cárdenas. Conversando con Vilma Villahermosa quién vive pintando la fe

Hay conversaciones que se sienten como un bálsamo, y la que tuve con la artista venezolana Vilma Villahermosa Rojas fue, sin duda, una de ellas. Ella siempre está pintando la fe, con su amor a Venezuela.

Radicada en Estados Unidos desde hace cinco años, Vilma ha logrado algo mágico: convertir el lienzo en un puente entre el cielo, su amada Isla de Margarita y el corazón de la diáspora venezolana en Florida.

Vilma se inspira pintando la fe…

Con una dulzura y un carisma desbordantes, nos abre las puertas de su taller espiritual y creativo.El origen de un trazo: De las plazas margariteñas al lienzo de la fe

Daniela Cárdenas: Vilma, un gusto enorme tenerte aquí. Tu historia con el arte es de toda la vida; desde muy niña tu mamá te llevaba a una pequeña academia en Margarita e incluso pintabas en las plazas de la isla. Cuando miras atrás, ¿qué queda de esa niña que pintaba con el sonido del mar de fondo en la técnica y en el alma de la Vilma de hoy?

Vilma Villahermosa: ¡El gusto es mío, Daniela! Qué bonita forma de empezar. Mira, de esa niña queda absolutamente todo. El mar de Margarita no se te sale del alma nunca. Esa libertad de pintar en las plazas, de sentir la brisa, es la misma libertad que siento hoy cuando tomo el pincel. Mi mamá me sembró esa semilla, y hoy cada trazo lleva un pedacito de esa luz del Caribe.

La esencia no cambia; solo ha madurado y ha encontrado un propósito para vivir pintando la fe…

Daniela Cárdenas: Hablando de elementos del mar, sé que durante la pandemia tu creatividad se volcó a las manos y utilizaste conchas y restos de corales para crear arte. ¿Fue esa época de introspección un catalizador para lo que vendría después en los Estados Unidos?

Vilma Villahermosa: Totalmente. La pandemia nos obligó a todos a mirar hacia adentro y a valorar lo básico, lo que teníamos cerca. Para mí, el mar siempre ha sido sinónimo de Dios y de hogar.

Trabajar con conchas y corales fue como abrazar a mi tierra a la distancia, moldear mis recuerdos. Me demostró que el arte no tiene límites y que las manos son solo el instrumento de lo que el corazón necesita gritar.

Fue el preámbulo perfecto para la transformación que viví al llegar a este país.El arte como servicio: Un puente hacia lo divino

Daniela Cárdenas: Tu llegada a EE. UU. hace cinco años marcó un giro hermoso en tu obra. Te has dedicado con devoción a pintar vírgenes y santos. Mencionas que el arte te salvó, pero también que recibiste una señal divina muy clara en una procesión de la Virgen en Margarita. ¿Cómo fue ese momento exacto en el que entendiste que tu arte ya no era solo tuyo, sino un servicio para Dios?

Vilma Villahermosa: Es algo que me estremece el corazón de solo recordarlo, Daniela. Fue una señal clarísima, de esas que no te dejan dudas. Durante una procesión de la Virgen en Margarita, sentí un llamado profundo, una certeza en el pecho que me decía: «Tu talento no es para tu ego, es para servirme». Desde ese instante entendí que mi misión de vida es acercar a las personas a Dios, transmitirles esa paz y tranquilidad que tanta falta hace en el mundo.

Yo no pinto sola; yo le sirvo a Él a través de mis mano y vivo pintando la fe

Daniela Cárdenas: Se nota esa altísima espiritualidad en tus obras, especialmente en tus piezas del Corazón de Jesús y esas camisas texturizadas donde el acrílico toma una dimensión casi táctil. ¿Cómo logras traducir algo tan intangible como la fe y el espíritu en texturas tan marcadas y relieves en el lienzo?

Vilma Villahermosa: ¡Es que la fe se tiene que sentir con todos los sentidos! El acrílico me fascina porque me permite jugar, crear capas, darle volumen a la emoción. Cuando pinto el Corazón de Jesús o las texturas de las camisas, busco que la gente no solo vea la obra con los ojos, sino que sienta el deseo de tocarla, de palpar el amor de Dios.

La textura es mi forma de decir que la espiritualidad es real, es tangible y está viva.El lienzo de la nostalgia: Sanando corazones venezolanos en el exilio

Daniela Cárdenas: Vilma, tú misma lo has dicho: lo que más amas es a tu patria, Venezuela. Hoy vives en Florida, rodeada de una comunidad enorme de venezolanos. Tus obras para ellos no son solo decoración; son pedazos de identidad. ¿Qué se siente ser la encargada de pintar los recuerdos más emblemáticos de nuestro país para quienes están lejos de casa?

Vilma Villahermosa: Es una responsabilidad hermosísima y, a la vez, muy emotiva. Cuando un hermano venezolano me pide una obra que le recuerde a su tierra, me está confiando su nostalgia, sus recuerdos, sus ganas de volver.

A través de mi arte quiero contar historias de nuestra Venezuela alegre, de nuestra fe. Ver las lágrimas de emoción de mis paisanos en Florida cuando reciben una pintura que les evoca su hogar… eso no tiene precio. Es mi forma de abrazarlos y decirles: «Nuestra patria sigue viva en nosotros».

«Quiero que me recuerden pintando la fe»

Daniela Cárdenas: Para cerrar, Vilma, con esa alegría, dulzura y carisma que te caracterizan: si pudieras resumir en una sola frase el mensaje que deseas que cada persona se lleve a casa al colgar una obra de @soyviviart en su pared, ¿cuál sería?

Vilma Villahermosa: (Sonríe) Vivo pintando la fe… Que se lleven la certeza de que no están solos. Quisiera que al mirar mi obra piensen: «Aquí habita la paz de Dios, y mi historia y mis raíces están a salvo». Ese es mi mayor anhelo.

Daniela Cárdenas: Amén, Vilma. Gracias por recordarnos el poder de la fe, del color y del amor por lo nuestro. Ha sido un honor absoluto conversar contigo.

Vilma Villahermosa: ¡Gracias a ti, Daniela, por tu sensibilidad y por abrir este espacio tan hermoso para el arte que sana!

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