Por Daniela Cárdenas
Hay conversaciones que transmiten calma, pero sobre todo, una luz muy particular. Hablar con la artista española Clara Ibáñez (@claraibanez.m) es adentrarse en un universo donde la devoción tradicional se viste de colores vivos, trazos minimalistas y una juventud desbordante.
Radicada en Madrid, Clara recibe a quien la escucha con una sonrisa cálida, reflejo fiel de la dulzura y gentileza que imprimen carácter a su propuesta de arte sacro contemporáneo.
A través de sus obras, las advocaciones marianas, los ángeles y las escenas bíblicas rompen con la solemnidad oscura del arte religioso convencional para transformarse en piezas llenas de brillo, frescura y una profunda carga espiritual. En esta entrevista, nos comparte su historia, su evolución estética y el propósito sagrado que mueve cada uno de sus pinceles.

— Clara, el amor por las artes suele nacer muy temprano. ¿Cómo fueron esos primeros pasos en tu vida y de qué manera influyó tu entorno familiar?
Clara Ibáñez: Amo el arte desde que era una niña pequeña. En mi casa el arte siempre ha sido un lenguaje natural: mis padres y mis hermanos también son artistas. Tengo esa mezcla cultural hermosa en casa, con mi mamá argentina y mi papá español. Crecer en un entorno donde se respiraba creatividad me marcó desde el principio, por lo que estudiar Arte en Estados Unidos fue una decisión del corazón para seguir perfeccionando aquello que sentía como mi vocación.
— ¿Cómo se dio la transición desde tus primeros dibujos hasta consolidar este estilo único enfocado en la iconografía mariana?
Clara Ibáñez: Empecé como casi todos, practicando mucho el dibujo tradicional. Sin embargo, llegó un momento en el que necesité dejar volar mi creatividad. Quería explorar nuevas formas de expresión. Así fue como comencé a pintar mis primeras vírgenes usando colores, probando composiciones diferentes. Con el tiempo, esa búsqueda me llevó al lenguaje que manejo hoy: figuras muy minimalistas y modernas de las vírgenes más importantes del mundo, trabajadas con colores profundamente vivos y llenos de brillo.
— Tu trabajo destaca de inmediato porque se aleja del arte sacro clásico y solemne. ¿Qué buscas transmitir con este enfoque tan juvenil y colorido?
Clara Ibáñez: Me encanta romper con esa idea de que lo sagrado tiene que ser sobrio o distante. Mis pinturas se caracterizan por el color, la luz y ese aspecto juvenil y moderno. Busco que las personas vean a la Virgen, a Jesucristo o a los ángeles de una manera cercana y viva. Me identifico muchísimo, por ejemplo, con las vírgenes mexicanas porque tienen un colorido y una fuerza cultural maravillosa. Tengo representaciones de advocaciones de todo el mundo, pero el color siempre es el puente que une la tradición con el presente.
— Detrás de cada trazo hay una intención muy clara. ¿Qué papel juega la fe en tu día a día frente al lienzo?
Clara Ibáñez: Para mí es el motor de todo. Tengo una profunda conexión espiritual con Dios. No concibo mi trabajo solo como una disciplina estética; mi gran esperanza es que cuando las personas miren una de mis pinturas, puedan tener un encuentro con Dios a través del arte.
— Tus obras hoy viajan a distintos rincones del planeta. ¿Qué sientes cuando tu mensaje cruza fronteras y llega a tantos hogares?
Clara Ibáñez: Es una bendición enorme saber que mis vírgenes se pueden vender y llegar a cualquier parte del mundo. Pero lo que verdaderamente me llena el alma es cuando las personas me llaman o me escriben para decirme que, al contemplar una de mis obras en sus casas, sienten que han encontrado un pedacito de Dios. Ese es el mayor regalo que me puede dar esta profesión.
— Si miramos hacia el futuro, ¿dónde ves tu arte y tu taller en los próximos años?
Clara Ibáñez: Si me pregunto dónde me veo de aquí a diez años, me veo exactamente aquí: pintando vírgenes. Es lo que amo, lo que me apasiona y lo que le da sentido a mi vocación. Espero seguir llenando espacios de color y llevando esa luz espiritual a todas las personas que se crucen con mi trabajo.
Entrevista realizada por Daniela Cárdenas.

