La Catedral de San Salvador de Oviedo no es solo el corazón espiritual de Asturias; es un libro de piedra donde se leen, capa sobre capa, más de doce siglos de historia, devoción y maestría arquitectónica. Conocida popularmente como la Sancta Ovetensis por la riqueza inigualable de sus reliquias, esta catedral ostenta una personalidad única en el panorama del gótico español, cimentada sobre las raíces profundas de la antigua monarquía asturiana.

Orígenes y Fundación: El Umbral del Reino Asturiano
Los orígenes de la catedral se remontan al siglo VIII. En el año 761, el rey Fruela I mandó edificar una basílica dedicada a San Salvador sobre una colina de la antigua Ovetum. Sin embargo, fue su hijo, el rey Alfonso II el Casto, quien tras trasladar la capital del reino asturiano a Oviedo a principios del siglo IX, transformó el lugar en un complejo palatino y episcopal de primer orden.
Alfonso II impulsó la construcción de un conjunto de iglesias dedicadas a San Salvador, Santa María y San Juan Bautista. De este primitivo núcleo prerrománico sobrevivió un espacio de valor incalculable: la Cámara Santa, diseñada como capilla palatina para custodiar las reliquias sagradas que el monarca había puesto a buen recaudo. Este santuario primigenio se convirtió pronto en un centro de peregrinación fundamental, marcando el origen del Camino de Santiago Primitivo.
De la Huella Románica al Esplendor Gótico
A finales del siglo XI, bajo la influencia de la reina Urraca y el impulso de la reforma gregoriana, la catedral prerrománica comenzó a quedarse pequeña para la riada de peregrinos. Se inició entonces una fase románica de la que hoy se conserva el piso inferior de la torre vieja y la remodelación de la propia Cámara Santa.
No obstante, la fisonomía que hoy domina el horizonte ovetense se gestó a finales del siglo XIV, concretamente en 1388, cuando el obispo Gutiérrez de Toledo decidió demoler el viejo templo para levantar una gran catedral gótica. Las obras se prolongaron durante más de dos siglos, adaptando las corrientes del gótico florido y flamígero que triunfaban en el norte de Europa.
Arquitectura y Estructura: La Elegancia de la Asimetría
La Catedral de Oviedo presenta una planta de tres naves con crucero no acusado y capillas laterales dispuestas entre los contrafuertes. El interior destaca por su verticalidad soberbia, el empleo de pilares fasciculados y bóvedas de crucería compleja que canalizan la luz a través de amplios ventanales.
Exteriormente, el elemento más emblemático y singular del templo es su fachada principal y su impresionante torre de 80 metros de altura. Aunque el proyecto original contemplaba dos torres gemelas, problemas financieros e imprevistos en el terreno hicieron que solo se erigiera la torre del lado del Evangelio. Lejos de parecer incompleta, esta solitaria torre gótica —rematada en el siglo XVI con una calada aguja renacentista— le otorga al edificio una silueta asimétrica de formidable carácter y elegancia monumental.
Tesoros del Arte: De la Cámara Santa al Gran Retablo
El patrimonio artístico que alberga la Catedral de Oviedo es de una riqueza excepcional, destacando dos núcleos principales:
La Cámara Santa y la orfebrería prerrománica
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta doble capilla superpuesta es un testimonio excepcional del arte asturiano. En su piso superior guarda los tesoros más sagrados del reino:
- La Cruz de los Ángeles: Donada por Alfonso II en el 808, obra maestra de la orfebrería con filigranas de oro y gemas.
- La Cruz de la Victoria: Donada por Alfonso III en el 908, emblema histórico de la Reconquista y símbolo de Asturias.
- El Arca Santa: Gran relicario revestido de plata repujada que custodia, entre otras joyas de la cristiandad, el Santo Sudario de Oviedo.
El Retablo Mayor
Ubicado en la capilla mayor, este retablo es una de las cumbres de la escultura gótico-renacentista en España. Elaborado a principios del siglo XVI por maestros como Giralte de Bruselas y Juan de Balmaseda, se estructura en una impresionante mazonería de madera dorada y policromada que narra con minuciosidad y dramatismo realista la vida y pasión de Cristo.
Un Legado Vivo
La Catedral de Oviedo no es únicamente un testimonio estático del pasado, sino un monumento orgánico donde conviven el prerrománico, el románico, el gótico, el renacimiento y pinceladas barrocas en sus capillas posteriores. Visitarla o estudiarla es recorrer los cimientos mismos de la historia medieval de la península ibérica, envueltos en la sobriedad y la devoción de la piedra asturiana.

