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Cuando pensamos en Granada, la mente vuela de inmediato a los patios deslumbrantes y los arabescos de la Alhambra. Sin embargo, en pleno corazón del centro histórico se alza una obra maestra imponente que marca el verdadero punto de inflexión de la ciudad hacia la Edad Moderna: la Catedral de la Encarnación de Granada.

​Considerada la primera gran catedral renacentista de España, este templo no es solo una joya arquitectónica; es el reflejo de un cambio de era, un choque de estilos y un monumento a la ambición de los Reyes Católicos.

Un origen ligado a la Historia de España

​Para entender la Catedral de Granada hay que remontarse a 1492, año en que los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, tomaron la ciudad ponían fin a ocho siglos de dominio musulmán en la Península Ibérica.

​Como símbolo del triunfo de la fe cristiana y de la consolidación del nuevo reino unificado, la reina Isabel ordenó la construcción de una gran catedral sobre el solar de la antigua Mezquita Mayor de Granada. Las obras comenzaron formalmente en 1523, bajo las directrices del arquitecto Enrique Egas, quien concibió inicialmente un proyecto puramente gótico, similar a la Catedral de Toledo.

​Sin embargo, el destino del templo cambiaría drásticamente solo cinco años después.

​Del Gótico al Renacimiento: La visión de Diego de Siloé

​En 1528, la dirección del proyecto pasó a manos del arquitecto y escultor Diego de Siloé. Recién llegado de Italia, Siloé convenció al emperador Carlos V (nieto de los Reyes Católicos) para replantear la obra por completo.

​Siloé mantuvo la planta gótica que ya estaba trazada, pero transformó el alzado e interior hacia el nuevo lenguaje clásico del Renacimiento italiano, creando una solución arquitectónica ingeniosa y sin precedentes.

Arquitectura e Interior: La luz como protagonista

​A diferencia de la penumbra característica del gótico medieval, el interior de la Catedral de Granada impresiona por su luminosidad blanca, elegancia y proporciones monumentales:

  • Las naves y pilares: Cuenta con cinco naves sostenidas por gigantescos pilares con columnas corintias adosadas, que elevan la mirada hacia impresionantes bóvedas de crucería pintadas en tonos blancos y dorados.
  • La Capilla Mayor: Es el corazón del templo y la mayor genialidad de Siloé. Diseñada como un espacio circular independiente coronado por una cúpula de 45 metros de altura, está adornada con vidrieras flamencas, pinturas de Alonso Cano y ricos dorados.
  • La Fachada Principal: Diseñada en el siglo XVII por el genio multidisciplinar Alonso Cano, la fachada exterior es una obra cumbre del barroco español. Concebida como un arco de triunfo monumental con tres grandes arcos en plemento, aporta un dinamismo visual deslumbrante desde la Plaza de las Pasiegas.
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