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Mi visita al Santuario del Saliente, Albox: un refugio de fe y serenidad

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    Danypao
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    El pasado fin de semana, me dirigí al Santuario del Saliente, en Albox, con el corazón lleno de devoción. No soy una persona de mucha cultura, pero siempre he sentido una conexión especial con los lugares sagrados, sobre todo cuando se trata de nuestra Virgen del Saliente. Este santuario, que se encuentra en las montañas de Albox, es un lugar único que me ha tocado profundamente, tanto en cuerpo como en alma.

    Al llegar, lo primero que me llamó la atención fue la belleza del entorno. Las montañas que rodean el santuario parecen guardar el lugar con cariño, y el aire puro y fresco me llenó de calma. En ese momento, comprendí por qué tanto peregrino visita este rincón de Almería. No se trata solo de la fe religiosa, sino de la paz que se respira allí. Hay algo en el paisaje que invita a la reflexión y al recogimiento.

    Cuando entré en la iglesia del santuario, me sentí como si hubiera cruzado un umbral hacia un espacio fuera del tiempo. La luz que entraba por las ventanas iluminaba la imagen de la Virgen del Saliente, que parece custodiar el lugar con una mirada llena de ternura. Muchos devotos me dijeron que, más que una imagen, la Virgen es un faro de esperanza y consuelo. Yo, como ellos, sentí esa presencia especial que tanto se menciona en las historias que escuchamos desde pequeños.

    Pasé un buen rato rezando en silencio, pidiendo por mis seres queridos, por la salud de todos y por la paz en el mundo. No soy teólogo ni un experto en historia religiosa, pero en ese momento sentí una paz profunda, algo difícil de describir con palabras. El santuario tiene una atmósfera tan tranquila que es imposible no dejarse llevar por la espiritualidad del lugar.

    En los alrededores del santuario, hay un pequeño sendero que invita a caminar y a reflexionar. No es un recorrido largo, pero cada paso me acercaba más a esa conexión especial que se tiene con lo divino en este lugar. Mientras paseaba, me encontré con otros peregrinos que, como yo, buscaban ese espacio de paz y oración. Conversamos brevemente, y todos coincidimos en que, más allá de la belleza del lugar, lo que realmente nos atraía era la sensación de ser escuchados por la Virgen, como si estuviera allí, cerca de nosotros, sin importar nuestras palabras o nuestras preocupaciones.

    También tuve la oportunidad de hablar con los monjes que cuidan el santuario. Me contaron que, aunque el Santuario del Saliente no es tan conocido como otros lugares de peregrinación, la devoción hacia la Virgen sigue siendo muy fuerte entre los fieles. Para ellos, el santuario es un lugar de acogida, donde no importa quién seas ni de dónde vengas, siempre serás recibido con los brazos abiertos.

    Antes de irme, no pude evitar darme una vuelta por la tienda de recuerdos, donde adquirí una pequeña medalla de la Virgen del Saliente como recuerdo de una experiencia que siempre llevaré en el corazón.

    Si alguna vez tienen la oportunidad de visitar este santuario, no lo duden. El Santuario del Saliente no es solo un lugar de culto, sino un refugio de paz, un lugar donde el alma se siente renovada. La Virgen, siempre tan cercana a sus devotos, tiene un poder especial en este rincón de Almería.

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