A veces, el talento es un susurro que nos acompaña desde la infancia, esperando el momento justo para gritar su verdad.
Hoy conversamos con Juan Carlos Encinas, un artista que pasó de los dibujos en el colegio y los pseudónimos, a plasmar su alma en paisajes que hoy recorren el mundo.
De la hostelería al lienzo, su historia es un viaje de regreso a la esencia.
P1: Juan Carlos, tu talento fue descubierto en el colegio. ¿Qué recuerdas de aquel momento en el que tu maestra te llevó al Museo de Bellas Artes?
Juan Carlos: Fue el despertar de mi mundo. Yo dibujaba de forma natural en clase, pero entrar a ese museo fue como ver un espejo de lo que mi alma quería decir. Me enamoré de la pintura allí mismo; fue entender que esos trazos que yo hacía tenían un lugar en el universo.
P2: Durante un tiempo utilizaste el pseudónimo «Matteo Letty». ¿Qué te motivó a finalmente dar el paso y mostrarte al mundo con tu propio nombre, Juan Carlos Encinas?
Juan Carlos: El pseudónimo era como un refugio, una capa de protección. Pero llega un punto en el que el arte te exige honestidad total. Al empezar a vender mis cuadros, comprendí que no solo entregaba una imagen, sino un pedazo de mi identidad. Firmar con mi nombre fue aceptar quién soy ante el espectador.
P3: La pandemia fue un punto de quiebre para muchos. ¿Cómo fue ese reencuentro con la pintura tras haberla pausado por tu carrera en hostelería y turismo?
Juan Carlos: La hostelería es un mundo muy demandante y el tiempo me fue alejando del caballete. La pandemia, con todo lo difícil que fue, me regaló el silencio que necesitaba para escucharme de nuevo. Volví a pintar y sentí que nunca debí haberme ido; fue un renacer creativo en medio de la pausa del mundo.
P4: Tu obra se centra en el paisajismo y la naturaleza al aire libre. ¿Por qué elegiste estos temas?
Juan Carlos: Amo el aire libre. Pintar la naturaleza es dialogar con la creación. Entendí que pinto para que otros comprendan mis sentimientos; uso el paisaje como un lenguaje para transmitir emociones que a veces no encuentro cómo decir con palabras.
P5: Sabemos que el arte también es sanación. ¿Qué significó para ti pintar aquel cuadro tras la partida de tu padre?
Juan Carlos: Fue el proceso más emotivo y difícil de mi vida. Cada pincelada era un duelo y, al mismo tiempo, un homenaje. Es la obra donde más expuesto he estado emocionalmente; el arte se convirtió en mi consuelo y en la forma de mantener viva su memoria
.P6: Para cerrar, no podemos olvidar las anécdotas. Cuéntanos qué pasó aquel día en el que un perro se convirtió en el protagonista inesperado de tu sesión de pintura.
Juan Carlos: (Risas) ¡Esa es mi anécdota favorita! Estaba concentrado pintando al aire libre, disfrutando del paisaje, cuando de la nada pasó un perro corriendo a toda velocidad y, sin dudarlo, ¡se llevó mi lienzo en la boca! Me quedé atónito. Al final, el arte también tiene esa parte de imprevisto y de aventura que te mantiene humilde frente a la naturaleza.
»La obra de Juan Carlos Encinas nos recuerda que el talento siempre encuentra el camino de regreso a casa. Su pincel no solo retrata paisajes, sino que decodifica el alma.»

