Por Daniela Cárdenas
El arte no siempre se aprende en las aulas; a veces se lleva en la sangre, se respira en el hogar y se cultiva con la devoción de quien sabe que posee un don supremo. Carolina Suárez, reconocida artista plástica y pintora colombiana, es muestra viva de ello. Con una técnica impecable desarrollada de manera empírica, Carolina transforma el lienzo a través del color, la precisión y una profunda sensibilidad.

En esta conversación, nos comparte cómo la tradición familiar, su amor por la naturaleza y una naciente vocación por el arte sacro guían hoy el pincel con el que busca conectar a las personas directamente con Dios.
Daniela Cárdenas: Carolina, en tu trabajo se percibe una sensibilidad muy especial. ¿De dónde nace ese amor por la pintura y la escultura?
Carolina Suárez: Viene totalmente de mi familia. Para mí el arte es un legado. Mi abuelo era artista, y desde muy pequeña mis dos mamás —mi mamá y mi tía— me ponían a pintar y me impulsaban a crear. Además, mi hermanito también es artista, así que en mi casa el arte siempre ha sido nuestro lenguaje. Todos me motivaron desde niña a expresarme libremente a través de la pintura y la escultura.
D.C.: Tu técnica es sumamente limpia y detallada. Sin embargo, no tuviste la oportunidad de cursar estudios formales de arte en Colombia. ¿Cómo ha sido ese proceso empírico para alcanzar semejante precisión?
Carolina Suárez: Ha sido un camino de pura dedicación, observación y práctica constante. Aunque no estudié la carrera formalmente en Colombia, siempre me he exigido una precisión exacta en cada trazo. El ser empírica me ha permitido experimentar con libertad, guiada por la intuición y por ese deseo intrínseco de perfeccionar cada detalle de la obra.
D.C.: Al observar tus obras, el color y los sujetos vivos cobran un protagonismo enorme. ¿Qué temas han marcado tu trayectoria?
Carolina Suárez: Amo profundamente los colores vibrantes y la naturaleza. Me he dedicado mucho a pintar animales y retratos de personas junto a sus mascotas, buscando capturar esa conexión afectiva y la vida misma que transmiten.
D.C.: Recientemente hemos visto un giro fascinante en tu propuesta hacia el arte sacro. ¿Qué te motivó a explorar esta vertiente espiritual?
Carolina Suárez: Fue un impulso que nació en mi hogar. Tengo un esposo muy religioso que me ha motivado e inspirado muchísimo a adentrarme en este camino. Últimamente me he dedicado a pintar Vírgenes, aplicando paletas de colores fascinantes y llenas de luz que reinterpretan la imaginería tradicional.
D.C.: En cuanto a los materiales y la técnica, ¿con qué medios te sientes más cómoda al trabajar?
Carolina Suárez: Amo el acrílico, pero también el óleo. De hecho, me encanta combinar la técnica de ambos materiales; esa mezcla me permite jugar con la rapidez y textura del acrílico junto con la profundidad, el brillo y los fundidos lentos que solo ofrece el óleo.
D.C.: ¿Cómo visualizas tu futuro artístico y qué huella deseas dejar en quienes contemplan tu trabajo?
Carolina Suárez: A futuro me veo especializándome por completo en el arte sacro. Tengo la certeza de que Dios me ha dado este talento especial en la pintura para servirle y para ayudar a otros a acercarse a Él. Mi mayor sueño es que, cuando las personas vean mis pinturas, sientan una conexión directa con Dios y experimenten esa paz divina a través de mi obra.

