Hay artistas que pintan lo que ven, y hay artistas que pintan lo que llevan dentro. Dina Cervera pertenece, sin duda, al segundo grupo. Esta pintora española nos recibe con una sonrisa enorme, una energía desbordante y una jovialidad que inunda el espacio. Para Dina, el arte no es un oficio tardío; es el hilo conductor de su vida, un legado materno y un viaje místico que hoy se expresa a través de lienzos vibrantes y un profundo amor por la figura femenina.
Nos sentamos a conversar con ella sobre sus raíces, su pasión por el color y esa fascinante mente intelectual y espiritual que guía cada una de sus pinceladas.
El origen de una pasión
P: Dina, tu relación con el arte empezó prácticamente desde la cuna. Cuéntanos, ¿cómo recuerdas esos primeros pasos en la pintura junto a tu madre?
Dina: (Se le iluminan los ojos y sonríe) ¡Ay, qué recuerdos tan bellos! Para mí, pintar nunca fue una obligación, fue un juego lleno de amor. Desde muy niña, mi madre y yo nos sentábamos juntas a pintar. Verla mezclar los colores, sentir el olor del taller… todo eso sembró en mí una pasión absoluta. No concibo mi infancia sin un pincel en la mano. Mi madre me enseñó a amar el arte, y ese amor es un motor que jamás se ha apagado.
El idilio con el acrílico y el poder del color
P: Quien ve tu obra se da cuenta de inmediato de que no le temes al color. Al contrario, tus lienzos vibran. ¿Por qué el acrílico se convirtió en tu gran aliado para expresar esta alegría?
Dina: ¡Es que yo soy una amante empedernida del color! El color es vida, es emoción pura. Y el acrílico… ¡el acrílico es un material maravilloso! Lo amo porque es sumamente noble. Su secado rápido me permite trabajar al ritmo de mi mente, que siempre va a mil por hora. Pero lo que más me enamora es la intensidad y el colorido que me ofrece. Me permite superponer capas, crear contrastes vivos y lograr que cada obra tenga esa fuerza lumínica que define quién soy. ¡Mi vida necesita color y mis lienzos también!
P: En tus pinturas, la figura de la mujer es una constante. Sin embargo, no es una simple representación anatómica; hay una carga muy lírica. ¿Qué buscas transmitir a través de la figura femenina?
Dina: Para mí, la mujer es una forma de expresión poética. Busco plasmar su fuerza, su sensibilidad, su misticismo y su capacidad de resiliencia. Cada figura femenina en mi obra cuenta una historia, es un poema visual. Me gusta pensar que mis mujeres no solo se miran, sino que se leen y se sienten.
Una mente intelectual y un espíritu libre
P: Sabemos que eres una lectora voraz y te defines como una persona muy intelectual. ¿Cómo influyen los libros en tu proceso creativo?
Dina: La lectura es el alimento de mi imaginación y de mi intelecto. No puedo pintar con el lienzo vacío, necesito que mi mente esté llena de ideas, de filosofía, de poesía. Un buen libro me despierta imágenes, metáforas que luego necesito digerir y expulsar a través de los pinceles. El intelecto y la intuición artística van de la mano en mi taller.
P: Tu viaje espiritual es fascinante. Te defines como un ser espiritual y has practicado la mayoría de las religiones del mundo para conocerlas a fondo. ¿Qué buscabas en ese recorrido y cómo llegaste al budismo?
Dina: (Se pone reflexiva, con una paz contagiosa) Siempre he tenido una profunda sed espiritual. Sentía la necesidad de explorar los diferentes caminos que la humanidad ha construido para comunicarse con lo divino y lo trascendental. Quería conocerlas desde dentro para saber realmente con cuál me identificaba, no por herencia cultural, sino por convicción. Al final, encontré mi hogar espiritual en el budismo. Su filosofía, el desapego, la búsqueda de la paz interior y la compasión resonaron con mi alma y con mi forma de entender el mundo.
P: ¿Cómo convive esa paz del budismo con la explosión de color tan jovial de tus obras?
Dina: ¡Conviven a la perfección! Mucha gente piensa que la espiritualidad o el budismo tienen que ser grises, solemnes o silenciosos. Para mí, la iluminación y la paz interior son una fiesta del espíritu. El budismo me da el equilibrio y el centro; el color es la celebración de estar viva. Pintar con alegría es mi manera de meditar y de agradecer al universo.
Una frase para cerrar:
«Pintar con acrílico y llenarlo todo de color es mi forma de recordarle al mundo que, a pesar de las sombras, la vida es una poesía que merece ser celebrada con alegría». — Dina Cervera.

