Por: Daniela Cárdenas
Hay artistas que pintan lo efímero, y hay otros que dedican su vida a lo inamovible. Al hablar con el artista plástico y restaurador de patrimonio sacro Jesús Utiel Escribano, uno se da cuenta de que pertenece al segundo grupo. Español, oriundo de La Mancha, graduado en Bellas Artes en Madrid y con una jovialidad que contagia, Jesús es la definición perfecta de un artista integral: alguien que no solo crea mundos nuevos sobre el lienzo, sino que devuelve la majestuosidad a la historia con un respeto casi sagrado.
Desde las tardes de infancia pintando junto a su abuela —su primera gran impulsora— hasta sus catorce años consecutivos viajando a Roma para dejarse impregnar por los aromas del arte antiguo, la vida de Jesús ha sido un viaje de fidelidad a sus sueños. Hoy conversamos con él sobre su obra, sus inspiraciones y ese fino hilo conductor que une el paisaje manchego con la restauración de la fe popular.
P: Jesús, tu viaje con el arte empezó desde muy niño. ¿Cómo recuerdas esos primeros pasos y en qué momento te diste cuenta de que querías vivir de esto?
Jesús Utiel: Empecé pintando con mi abuela; ella fue quien me animó a seguir mis sueños desde que era un crío. Cuando creces en ese ambiente, el arte se vuelve algo natural. Luego, al cursar Bellas Artes en Madrid, todo hizo clic. Me di cuenta de que no era solo un pasatiempo; amaba profundamente el arte y supe que quería, y debía, vivir de ello.
P: En tus inicios como pintor destacaron mucho los paisajes, los sembradíos y la agricultura. Hay una frase hermosa que mencionas sobre las montañas. ¿Qué buscas transmitir a través de la naturaleza?
Jesús Utiel: Me fascina la tierra. Pintar los sembradíos es conectar con la raíz, pero mi verdadera debilidad son las montañas. Las amo porque representan la permanencia; están ahí, idénticas e inamovibles al paso del tiempo. En un mundo donde todo cambia tan rápido, la montaña es un recordatorio de lo que perdura.
P: Como buen manchego, la literatura también ha tocado tu obra, específicamente la figura del Quijote. ¿Qué tanto de ti hay en esa serie?
Jesús Utiel: ¡Muchísimo! Haber nacido en La Mancha te marca inevitablemente. La serie del Quijote es muy especial para mí porque me identifico plenamente con ese espíritu. Al final, los artistas también somos un poco quijotes, persiguiendo ideales y viendo belleza donde otros solo ven molinos.
P: Das un salto fascinante hacia el arte sacro y la restauración, convirtiéndote en un artista verdaderamente integral. Cuando trabajas con una pieza antigua, ¿cuál es tu filosofía para intervenirla?
Jesús Utiel: Para mí, la clave es la autenticidad. Pongo una dedicación absoluta en mantener la esencia original de la pieza; solo reparo lo estrictamente necesario. Lo más importante es que las esculturas conserven esa identidad exacta con la que la gente devota las reconoce y se identifica. Además, soy sumamente meticuloso con los colores y los materiales de época para no alterar la majestuosidad original. No se trata de «hacerlo nuevo», sino de devolverle su alma antigua.
P: Sabemos que tienes un ritual anual: durante 14 años has viajado a Roma en una especie de turismo sacro. ¿Qué descubres en la Ciudad Eterna cada vez que vuelves?
Jesús Utiel: Roma es mi gran fuente de energía. Cada año que vuelvo encuentro nuevos aromas, nuevos matices en su patrimonio artístico y cristiano. Puedo pasarme horas enteras en pequeñas capillas, iglesias escondidas y monumentos, simplemente disfrutando en silencio del arte antiguo. Ahí es donde encuentro mi verdadera inspiración para luego crear o restaurar.
P: España también es un tesoro en sí mismo para el arte sacro. ¿Cuáles son esos lugares que te conmueven y que alimentan tu pasión en casa?
Jesús Utiel: Recorrer España es una maravilla constante. Me encanta viajar por sus pueblos descubriendo las capillas y las vírgenes tradicionales, que tienen un arraigo popular bellísimo. Si tengo que hablar de lujos artísticos, la Catedral de Sevilla me fascina; es una joya que me vuela la cabeza cada vez que la visito.
P: Eres pintor, analista del paisaje, amante de la literatura y guardián del patrimonio histórico. ¿Cómo logras equilibrar todas estas facetas en tu día a día?
Jesús Utiel: No las veo como cosas separadas, sino como parte de lo mismo. Restaurar una obra sacra me enseña técnicas de los antiguos maestros que luego aplico en mis lienzos. Y contemplar el paisaje de mi tierra me da la paciencia que se necesita para pasar horas con un pincel milimétrico devolviéndole el color a una escultura. Todo se alimenta entre sí; soy un enamorado de la belleza en todas sus formas.
Nota del editor: Jesús Utiel Escribano demuestra que la juventud no está peleada con la madurez artística ni con el respeto al pasado. Un artista completo que sigue dejando su huella, tanto en el lienzo en blanco como en la madera que el tiempo se niega a borrar.


